El hombre por naturaleza es sociable, no puede sobrevivir aislado, sin que nadie le rodee y conviva con él.
En los adultos contribuyen a aliviar el estrés, activa el cuerpo y la mente.
Inducen a la flexibilidad y mejora la autoconfianza.
En la tercera edad estimulan la percepción sensorial, ejercitan habilidades cognitivas, potencian el contacto social y la comunicación y optimizan los niveles de
bienestar.
Disminuyen los sentimientos de soledad y la depresión, facilitan la adaptación al entorno.